La falsa Marilyn Monroe y el verdadero Manhattan, por Cristina Ramalho

enero 10, 2021

 



En “Con faldas y a lo loco” (1959), Marilyn Monroe improvisa un Manhattan durante el viaje en tren, usando una bolsa de agua caliente como coctelera.



El trabajo parecía pan comido:  ponerse una peluca rubia, pintar un lunar cerca de la boca, apretar el ajustado vestido.  Fani solo necesitaba cuidar la voz ronca, tímida-sexy, llevar el pastel hasta la casa del cumpleañero, tocar el timbre y, cuando él abriera la puerta, la guinda del pastel sería ella cantar, como la verdadera Marilyn Monroe para John Kennedy, un susurrante “Happy birthday to you”.  Caché:  doscientos reales.


Quien tuvo la idea fue Adelita, novia del cumpleañero.  Tenía esa fantasía:  celebrar el aniversario de su novio con una sorpresa hollywoodiana.  Pero no se atrevía a ser la estrella -siempre de beige o blanco y negro, siempre eficiente en la oficina, con aquel rostro redondo, nariz de osito de peluche, no pegaba.  Adelita encontró el número de teléfono de una agencia de telegramas animados.  Llamó.  Pidió una Marilyn y un saxofonista.


  • Entonces, además de Marilyn, quiero a un chico que toque las felicitaciones con el saxo.  Una escena de película.
  • Claro, querida.  El sueño es suyo, lo realizamos. -respondió la chica de la agencia.


Todo planeado.  Mañana de sábado, Fani, ceñida en su vestido y tratando de no doblar el tacón del zapato un número menor, ya estaba parada cerca de la puerta.  El chico del saxo, traje barato, al lado.  La novia apenas aguantaba la ansiedad.


  • Mira, me voy a esconder detrás de aquel árbol, ¡ay! solo quiero espiar su cara de sorpresa.


Fani lo creyó divertido.  Quería ganar premios en el teatro, sabía de memoria las piezas de Antunes Filho, pero trabajo es trabajo.  Y le gustaba la idea de ser la Marilyn por 15 minutos.  Era una romántica.  Veía con mucha ternura hacer los telegramas animados y ver la reacción de las personas.


Tocó la campana.  Nada.  Tocó de nuevo.  Nada.  Tensión en el aire.  La novia empezó a morderse las uñas.  “Toca otra vez”, susurró desde el árbol.  Pééé.  Péééé.  Un tipo algo gordo, descalzo y en ropa interior, abrió la puerta.  Su cara no era buena.  Fani se tocó la garganta, estiró el pastel donde estaba escrito “Meu amor, my love, mon chéri”, y comenzó, sibilante:  “Happy birthday to you...”.  El saxo acompañaba.


  • ¿Qué diablos es esto? -dijo el hombre aún somnoliento.  “Happy birthday, Mr. Taborda”, cantó la Marilyn con voz dulce.  Entonces aparecieron, por encima de los hombros de Taborda, unas manos con largas uñas rojas.  Una chica en ropa interior estaba detrás de él.  -¿Qué ocurre, cariño?, preguntó la de las uñas.
  • ¡Te-le-gra-ma a-ni-ma-do de Adelita! -entonó la Marilyn a toda velocidad.  El chico del saxo, anticipándose a la tragedia, fue yéndose, de puntillas, y la música sonaba cada vez más lejana.  Adelita salió detrás del árbol.
  • ¿Qué es esto, Adelita?, gritó Taborda.  Fani dejó el pastel en el suelo y dejó paso.  Adelita avanzó:  “¡Bastardo! ¡Preparo la mayor sorpresa para ti y tú estás con otra!”.


Fani actuó rápido y extendió las manos:  -Son doscientos reales.  Taborda gritaba cada vez más alto.  Adelita intentó agarrar a la de ropa interior de los pelos.  No se oía ninguna música.  El tipo del saxo ya había desaparecido.


  • Son doscientos reales -insistía la Marilyn, que a esa altura ya se había quitado los zapatos y solo pensaba en salir corriendo de ahí.  Pero no iba a perder los doscientos.  Uno gritaba aquí, otra gritaba más fuerte, Adelita sollozaba, Fani aprovechó el momento de flaqueza, ayudó a la pobre novia a abrir su bolso, cogió los doscientos, cien más para el tipo del saxo, y se fue.


Ya que estaba de Marilyn, debía terminar el día con elegancia cinematográfica.  Volvió a ponerse los zapatos, fue al bar de un bonito hotel cercano, realizó un deseo:  pidió un Manhattan.  Era la bebida que Marilyn Monroe, en el papel de Sugar, improvisó en el tren de “Con faldas y a lo loco”, en la escena en que Jack Lemmon, vestido de mujer, aparecía con una garrafa de bourbon.  Fani no era Marilyn, Jack no era mujer, Taborda no era el hombre que Adelita imaginaba.  Pero el Manhattan, muy real, estaba delicioso.


Marilyn, THE REAL ONE, cantando Happy Birthday para el presidente norteamericano John F. Kennedy en 1962.


Artículo publicado en el blog RAMALHETES | O blog da Cris Ramalho



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